El reflejo del guerrero

Etiquetas

, ,

Reflejo a tresAntes de que naciera mi hija Inés, yo era un guerrero tan feroz como suelen serlo todos los hombres.  Batallaba, resistía o descansaba como sólo saben hacerlo los guerreros, y claro esta, estaba todo lo confuso o cierto en los temas de hombría, como suelen estarlo los guerreros: Uries o Valkirias, hartazgo temporal de los placeres, una mística del vomito, casi seguidor, sin saberlo, de Espronceda en ese:  ¡oh, maldito sea el placer! Y luego vuelta a la batalla o al resistir.
Desde mi adolescencia la narración dominante era contarme la vida como una guerra, con episodios de batallas, periodos de resistencia o fugaces momentos de placer. ¡En eso era un hombre tan común! ¿Cómo me narraba ser hombre? Un campo de Higgs que lo impregna todo de épica de guerra. Así gran parte de los ámbitos masculinos clásicos, el trabajo, la amistad, lo político e incluso el intercambio sexual, nos los narramos con isotopías bélicas: jerarquía, compañerismo de barracón, estrategia o conquista.
Mi hija tiene tres años. El reflejo del guerrero no está en mis ojos, sino en los de mi hija, pero desnudo, sin coraza y sin ardor de guerra.  La hija y su mirada es otra cosa, un algo magmático, un atractor extraño, un caos. No encuentra el guerrero relación ni trama entre la hija y las batallas, ni entre los frutos de la guerra y los hallazgos léxicos de su hija. Su hija viene de una frontera extraña. Cuando mi hija Inés me mira, no creo que vea una héroe, ni un guerrero en su trinchera, ni un saqueador en su hartazgo. La paternidad anda en busca de narración, pero es seguro que no es la de la guerra.
Jacques Lacan, hombre de excesos, se quedo corto: no hay solo una etapa del espejo que nos construye con la mirada del otro. Al menos para los hombres al hacernos padres, el reflejo del guerrero se desvanece en los ojos de nuestras hijas e hijos y nos reconstruye.
Mi hija tiene tres años y en mi reflejo en sus ojos, se me aparece otro hombre que aun no conozco, ceniza mas feliz, que ya siempre va conmigo.
Anuncios

Querer cuidar igual

Quise cuidar a mi hija Inés desde el primer momento, hace de eso 2 años y 2 meses, y me dieron 13 días de permiso de paternidad. Como me parecía poco, le pedí a Guadalupe, mi pareja, la mitad de su permiso de maternidad en su parte transferible, y me lo dio. Pero aun así me pareció poco.

Los hombres queremos cuidar más de nuestros hijos e hijas, o al menos acercarnos al esfuerzo en el cuidado que hacen las mujeres. Las mujeres son penalizadas laboralmente por el hecho o la posibilidad de su maternidad. Cuando los hombres deseamos cuidar equitativamente a nuestras hijas desde el primer momento tenemos que “robar” prestaciones a nuestras parejas mujeres. ¿No es todo esto un injusto despropósito? ¿No es causa de infelicidad por posponer la maternidad y paternidad? ¿No es causa del declive demográfico que pone en riesgo el estado del bienestar y en particular las futuras pensiones?

Mi deseo de ser padre arrancó hace más de los dos años que tiene mi hija, con alguna que otra decepción y dolor, pero tenía claro que había que luchar por un cuidado en igualdad para mí, y el resto de los hombres y mujeres. Por eso estoy en la PPIINA desde 2005, revindicando que padres y madres, en cualquier tipo de familia, dispongamos del derecho de PERMISOS IGUALES, INTRANSFERIBLES Y PAGADOS AL 100%.Conseguirlo no sería muy costoso (en la PPIINA hemos hecho los deberes: visita nuestra web) y tendría efectos no solo en lo práctico: brecha salarial de género, cuidado de hijos más igualitario, tasas de fecundidad; sino en simbólico al visualizar como el estado promueve la igualdad. Para mí que soy un padre feliz cuidando o jugando con mi hija, es también una reivindicación hacia la felicidad de muchos hombres. Para mí que soy un hombre pro-feminista por justicia, no por supuestos beneficios, es también una reivindicación con alto poder de transformación interior.

Hace un año mis compañeras y compañeros de la PPIINA conseguimos registrar una Proposición de Ley de Reforma de los Permisos, y ahí sigue muerta de risa esperando que algún grupo parlamentario la lleve al Pleno. Está lista para votarla, ¡solo necesitan nuestros políticos la voluntad de hacerlo!

Pero por si les flaquea este deseo de que se cuide por igual, desde la PPIINA se lo queremos recordar precisamente el 1 de junio cuando se celebra por primera vez el Día Mundial de las Madres y los Padres. La Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción (PPIINA) lo quiere festejar de una manera muy especial: llevando hasta el Congreso de los Diputados un enorme REGALO que sus señorías no podrán olvidar.

Mañana sábado 1 de junio de 2013, estaré y estaremos en la Puerta del Sol a las 10:30 para escenificar este abandono de nuestros políticos hacia los padres, las madres y nuestros hijas/os. Te garantizo la diversión, te garantizo nuestro compromiso de seguir luchando, y ….  ¡me encantaría verte allí!

Ensayo del flasmod

Ensayo del flasmod

Alarmas, tiempo negativo y disfrutar de los hijos

Reconozco que, a veces, me tomo las tareas del cuidado de mi hija Inés como eso, como tareas: 15 minutos para el baño; alarma de pijama mojado; 10 minutos para salir del parque; alarma de niño pegón en tobogán.

Me pasa. Y eso que inventé cuando Inés era más pequeña el concepto de Kung-fu-care: no forzar, dejar fluir, al vestir a Inés por ejemplo, dejar que sus propios movimientos le introduzcan una manga o un calcetín. Pero es verdad que este Kung-fu-care sigue siendo estar en la tarea.
Me pregunto primero si esto de usar alarmas y tiempo negativo es malo en el cuidar de los hijos. Claro que antes  podría preguntarme qué defino como malo en esto de la crianza, y seguir así sin decir nada. Pero la respuesta es la de este mismo blog, pretendo cuidar a mi hija y al mismo tiempo no olvidarme de que soy un ciudadano con la necesidad personal de cambiar algo el mundo, y cambiarme yo mismo de paso. Así que la pregunta, mejor formulada, es si esta actitud tan practica  en el cuidado de mi hija Inés de “industrializar” a veces las tareas, quita o pone en mi empeño de cambio social y personal.

Confieso que dudo. Estoy tentado a decir que quita porque puede convertir a mi hija en un objeto de esfuerzo y disgusto, más que en una persona con la que me relaciono en parte con el cuidado, y en parte con el disfrute del juego, los paseos, las canciones, las sorpresas, o esas ocurrencias que me hacen reír tanto.

Por otra parte, quiero seguir estando yo y mi pareja, a parte de mi hija Inés, el que era y el que voy siendo, los que éramos y los que vamos a ser. Y esta parcela privada, que es tan difícil mantener por el simple cansancio, quizá se vea favorecida por agilizar las tareas de cuidado, con un cierto egoísmo para dedicar tiempo a mi y mi pareja.

Pienso que que la negación de la negación hegeliana, quizá sea aplicar un cierto kung-fu o zen a esto del control de cuidado. Dejar que el control también fluya, sabiendo que se está ejerciendo el control, o dicho más simple, si quedan 10 minutos de estar en el parque pues estemos jugando; si Inés se ha mojado el pijama no hacer un drama y cambiarlo sin dejar de decirle los cariños de todas las mañanas.

009f5-mv5bmtmynzq4otq4ov5bml5banbnxkftztywmtgxndi2-_v1-_cr75252c0252c299252c299_ss100_Creo que quizá esta actitud de taoísmo occidental, que prime la relación, que no alarme, que no convierta a los hijos en objetos de solo-cuidado, que no fagocite, que no sea tan central como un agujero negro, quizá sea esta filosofía paradójica de cuidado fluido, la que provoque un profundo cambio social.
Por último me viene a la cabeza si nos cuidaron nuestros padres y madres con esta perfección industrial, o si debieron hacerlo, o si soy como soy porque no lo hicieron. Para un próximo post.

Heroes en alguna izquierda

Lo que se admiraba antes de la crisis desde alguna nueva izquierda, y el problema de los vínculos

Lisbeth Salander, de la saga milenium, es el perfecto individuo a salvar por la izquierda re-tradicionalizada.
Jodida por su familia (casi literalmente) y abusada por el sistema social que debería haberla protegido. Hija literal de la guerra fría en Occidente.
Es el individuo autónomo y poderoso. Sociopata con atractivo falico, hacker vengativo e inexorable como una nueva eumenide de la izquierda.


Mikel Bloombert es el heredero de la tradición de izquierda bohemia, ligeramente pija, que salva y es salvado por los nuevos proletarios, ahora llamados morrenas de familias desestructuradas. También es un ejemplo de individuo sin ligaduras y relaciones fractales. Fatum, destino, motor de dieguesis, felpudo de la heroina de la historia.

Y nadie, ni ninguno, de estos héroes tiene hijos ni quiere tenerlos. Como diría Mafalda, ¿por qué este anti-hijismo  ¿Qué os hemos hecho los hijos por venir?

Claro que eso era aun en esos tiempos tan felices de pre-crisis. Hoy, Octubre de 2012, habría que preguntarse si ahora ya no interesan los héroes, sino solo las víctimas. Pero aún hoy en las nuevas victimas, en sus nuevos defensores y en los nuevos victimarios, hay de nuevo como un desierto de vínculos, un desierto de lo real (Žižek), o simplemente faltan hijos.

Consigna para este rato de crisis: ningún cambio social sin hijos



Mis deseos y razones para escribir el blog / Familia2+

Familia y cambio social

Me obsesiona desde hace cuatro meses el descubrimiento de que las familias parecen estar proscritas en los movimientos de cambio social. Revoluciones, movimientos sociales  y nuevas religiones, parecen siempre haber desconfiado de la familia como motor de cambio.

“Y todo aquel que deja casas, o hermanos, o hermanas, o  padre, o madre, o mujer, o hijos, o campos por causa de mi nombre, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna.”

Maniqueos, cátaros, hippies, … todos.
Del otro lado, quienes dicen representar a las familias en muchas ocasiones, representan un modelo único de familia y parecen mas bien querer anclar a las familias en una arcadia social de su gusto. 

Pero, ¿por qué me interesa hablar de familia y revolución / cambio social, y escribir un blog sobre ello? Porque en mi propia vida estoy en ambas orillas, y me gustaría no disimular mis deseos ni mis opiniones en ninguna. Este blog es una exposición a las inclemencias de ser mal interpretado, y al mismo tiempo un creador, escribiendolo, de mi propia opinión.


Es mi deseo en este blog, no moderarme, ni en el tono ni en la duda, y tomarme esta escritura como una deriva. ¡Qué asi sea!