Reconozco que, a veces, me tomo las tareas del cuidado de mi hija Inés como eso, como tareas: 15 minutos para el baño; alarma de pijama mojado; 10 minutos para salir del parque; alarma de niño pegón en tobogán.

Me pasa. Y eso que inventé cuando Inés era más pequeña el concepto de Kung-fu-care: no forzar, dejar fluir, al vestir a Inés por ejemplo, dejar que sus propios movimientos le introduzcan una manga o un calcetín. Pero es verdad que este Kung-fu-care sigue siendo estar en la tarea.
Me pregunto primero si esto de usar alarmas y tiempo negativo es malo en el cuidar de los hijos. Claro que antes  podría preguntarme qué defino como malo en esto de la crianza, y seguir así sin decir nada. Pero la respuesta es la de este mismo blog, pretendo cuidar a mi hija y al mismo tiempo no olvidarme de que soy un ciudadano con la necesidad personal de cambiar algo el mundo, y cambiarme yo mismo de paso. Así que la pregunta, mejor formulada, es si esta actitud tan practica  en el cuidado de mi hija Inés de “industrializar” a veces las tareas, quita o pone en mi empeño de cambio social y personal.

Confieso que dudo. Estoy tentado a decir que quita porque puede convertir a mi hija en un objeto de esfuerzo y disgusto, más que en una persona con la que me relaciono en parte con el cuidado, y en parte con el disfrute del juego, los paseos, las canciones, las sorpresas, o esas ocurrencias que me hacen reír tanto.

Por otra parte, quiero seguir estando yo y mi pareja, a parte de mi hija Inés, el que era y el que voy siendo, los que éramos y los que vamos a ser. Y esta parcela privada, que es tan difícil mantener por el simple cansancio, quizá se vea favorecida por agilizar las tareas de cuidado, con un cierto egoísmo para dedicar tiempo a mi y mi pareja.

Pienso que que la negación de la negación hegeliana, quizá sea aplicar un cierto kung-fu o zen a esto del control de cuidado. Dejar que el control también fluya, sabiendo que se está ejerciendo el control, o dicho más simple, si quedan 10 minutos de estar en el parque pues estemos jugando; si Inés se ha mojado el pijama no hacer un drama y cambiarlo sin dejar de decirle los cariños de todas las mañanas.

009f5-mv5bmtmynzq4otq4ov5bml5banbnxkftztywmtgxndi2-_v1-_cr75252c0252c299252c299_ss100_Creo que quizá esta actitud de taoísmo occidental, que prime la relación, que no alarme, que no convierta a los hijos en objetos de solo-cuidado, que no fagocite, que no sea tan central como un agujero negro, quizá sea esta filosofía paradójica de cuidado fluido, la que provoque un profundo cambio social.
Por último me viene a la cabeza si nos cuidaron nuestros padres y madres con esta perfección industrial, o si debieron hacerlo, o si soy como soy porque no lo hicieron. Para un próximo post.

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